“Las mil y una noches” LA PRINCESA NURUNIR (1)

PRINCESA NURUNIR (1)

…Y cuando llegó la noche, comenzó su relato de esta forma …

En la antigüedad del tiempo y lo pasado, había un poderoso rey que tenía tres hijos. Alí era el mayor, Hasán el segundo, y Hoseín, el menor de todos. Criáronse los tres hermanos en el palacio de su padre con su prima Nurunir, huérfana de padre y madre, cuya belleza crecía a la par que la de los jóvenes hermanos.

Tenía pensado el sultán, tío de Nurunir, casarla con alguno de sus hijos cuando tuviese la edad. Sin embargo, una vez llegado el momento en que las mujeres núbiles se cubren el rostro con el almaizar, no tardó en advertir que los tres príncipes estaban prendados por igual de ella.

Se le turbó el alma al gran rey al pensar: “Si le doy la mano de la princesa a uno de sus primos, los otros dos quedarán descontentos por mi arbitrariedad, y quien sabe hasta donde llegaría su pena”

El monarca estuvo mucho tiempo meditando sobre ello, días y días, y más que meses. No dormía. Por fin, cuando parecía que la oscuridad había tapado su mente, en una de esas noches, se levantó del lecho y exclamó a viva voz:

¡Por Alá, que ya encontré la solución!

Llamó a sus tres hijos y les habló así:

– Hijos míos: He podido observar, a lo largo de los años, vuestros méritos y buenas cualidades, por lo que no puedo decidirme a darle a uno de vosotros la preferencia sobre sus hermanos de otorgarle la mano de vuestra prima. Por otro lado, tampoco puedo casarla con los tres a la vez. Pero sabed que he atinado con un medio de dejar a todos contentos. He decidido que emprendáis un viaje a otras tierras distintas a esta, y que casaré a Nurunir con el que, de vosotros, me traiga la cosa más extraordinaria que encuentre. Para ello, repartiré a partes iguales el oro que necesitéis, y ordenaré que os entreguen la ropa conveniente para que vayáis disfrazados de mercaderes ambulantes.

Una vez salieron del palacio los tres hermanos, la primera jornada la hicieron juntos, hasta llegar a una posada situada en un sitio del que arrancaban tres caminos. Se asearon, comieron en abundancia, y se hospedaron hasta el día siguiente en el que, sin clarear todavía la mañana, se citaron para hablar de las condiciones en las que cada uno de ellos debía llevar a cabo la misión encomendada por su padre.

El acuerdo fue que se separarían e irían al azar cada uno por uno de los tres caminos, conviniendo que su ausencia duraría exactamente un año. Y se dieron cita para que, pasado ese tiempo, en aquella misma posada, se encontrarían, con la condición de que el que llegase primero aguardaría a los demás, para presentarse los tres juntos ante el sultán, su padre.

Alí, el mayor de los tres, fue cabalgando sin parar durante tres meses, por llanos y montañas, y desiertos y prados, hasta llegar a un país, el del mar, rodeado por tres murallas; y una vez allí, fue a alojarse donde los mercaderes.

No bien hubo descansado de las fatigas del viaje, se dirigió al zoco, maravillándose de las hermosas telas de seda que allí se mostraban, porcelanas de gusto exquisito y jazmines rebosando en los búcaros de las tiendas, que perfumaban el recorrido.

Un voceo lo despertó de su deleite. Era un subastador con una alfombrilla al brazo, diciendo:

– ¡Hola compradores del zoco! ¡En treinta mil dinares de oro la doy! ¡No perderá el que la compre!

Al oír el príncipe Alí este pregón pensó:

“¡Qué país tan especial en que se permiten las bromas para animar a las gentes en medio de un mercado!

Pero al ver que aquel hombre seguía repitiendo su pregón, lo llamó para que le enseñara la alfombra más de cerca, y al hacerlo exclamó:

– ¡Por Alá, que no veo en esta alfombra nada de particular!

El vendedor sonrió contestándole:

– Esta alfombra posee una virtud invisible, y es la de trasladar en el acto, a quien se sienta en ella, al lugar de la tierra que quiera, alejándose las tempestades y rajándose los montes a su paso.

Una vez escuchó Alí la explicación que le dio el mercader, quedó prendado de aquel extraño objeto, y supo que había encontrado lo que llevar a su padre. Compró la alfombra y se dispuso a volver, pues la impaciencia lo superaba.

Montó en ella, cerró los ojos, y expresó mentalmente el deseo de verse trasladado a la posada de los tres caminos. Al momento los abrió y se encontró en ella, convencido de que su regalo era el más maravilloso de los tres.   
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Resumen y traducción de FGV

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